Soy Katherine solo en trámites legales, citaciones formales o cuando alguien va a lanzarme un reclamo con nombre y apellido. Para el resto del mundo (ese que me quiere o me lee), soy  Kathy, Kate, Kat, o simplemente la chica de sonrisa linda.
Estoy en mis 30 largos, tengo un par de cicatrices que no cambio por nada y una lista de amores fallidos que, si no se quedaron para el resto de la vida, al menos dan buen material. Escribo con una mezcla de ironía, sentimiento y memoria selectiva. Escribo como vivo: con el corazón en la mano, un pie en el avión, otro en la duda, y a veces con un trago en la mesa, o un café, o un té, o un mate (el liquido varía según el drama del día). Y aunque parezca que tengo todo bajo control, la realidad es que navego el caos con manteca de cacao puesta y corrector emocional (spoiler: a veces se corre).
Soy nómada de espititú y literal. El único requisito que tengo para llamar a un espacio “hogar” es que esté Chuy, mi gato, que ronronea como terapeuta no titulado y funciona mejor que cualquier despertador. Me gusta el desayuno como ritual sagrado, las despedidas cortas y los textos largos. Soy amante de los amores intensos y las playlists que me hacen mover las caderas.
Este blog es mi válvula de escape, mi excusa para ponerle punto y coma a lo que duele y carcajada a lo que, en su momento, casi me quiebra. Es mi diario sin candado, mi forma de no perderme de vista. No tiene mayor pretensión que servir de espacio de catarsis, que ser un ejercicio de escritura y disciplina que no se quede guardado en un cajón, como tantos diarios iniciados alguna vez.
Escribo para no olvidar, para no repetir, para entender, y a veces, solo para que no se me quede todo adentro. Si algo de lo que lees acá te suena familiar, bienvenido al club: no estamos tan solos como creemos. Si alguna de mis anécdotas te hace reír, llorar o escribir la tuya, esto ya valió la pena.
ACERCA DE MÍ

Como me defino hoy... Mañana, ya veremos.

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