Mi Blog

LOVE, TRUST, SURRENDER (y otras formas elegantes de no perder la cabeza)

LOVE, TRUST, SURRENDER (y otras formas elegantes de no perder la cabeza)

Miércoles, Julio 9, 2025

Hay palabras que llegan como mantra y se quedan como mapa. Este texto no es una oda al sapito ni un manual de sanación rápida. Es una confesión íntima sobre lo que ocurre cuando el amor se transforma, cuando confiar duele, y cuando rendirse se vuelve el acto más valiente de todos. Una historia real, caótica y luminosa —como tantas veces es la vida cuando se rompe y empieza de nuevo.

Hay frases que no se eligen, te eligen. Te persiguen como ex intenso o como canción pegajosa de Shakira post Piqué. Te las topas una vez y zas: tatuadas. (Aún no descarto que algún día ampliarán mi lista de tatuajes). Como si fueras una adolescente en Tulum con ganas de sentirse espiritual.

A mí me pasó con LOVE, TRUST, SURRENDER. Tres palabras que suenan a título de podcast de gurú millennial o a lema de secta de yoga cara, pero que —¡oh, sorpresa!— fueron mi chaleco salvavidas en la tormenta tropical que fue mi divorcio.

Y no, no fue que las leí en una taza de Starbucks ni me las gritó una coach de Instagram desde su retiro en Bali. Me las susurraron (bueno, más bien me las repitieron como letanía) mientras babeaba bajo la sombra de un árbol de Capulín, esperando que el veneno de un sapo milagrosamente resolviera mis traumas. Así de poético y caótico como suena.

Sí, señoras y señores: estoy hablando de una ceremonia de Bufo Alvarius. No, no era una fiesta. No, no estábamos de vacaciones. Estábamos en crisis. Mi (ahora ex) esposo y yo, en pleno Titanic emocional, abrazándonos mientras el barco se hundía, intentando que un sapo místico nos enseñara a nadar. Spoiler alert: no lo logró. Pero yo sí logré nadar. Eventualmente. Después de la tormenta. Después del vómito emocional. Después de rendirme.

Porque eso es lo que me enseñó el sapito y sus tres palabras mágicas:

LOVE. No el amor romántico cursi de las comedias de domingo. Hablo del amor jodidamente difícil. El de mirarte al espejo con todas tus contradicciones y no querer salir corriendo. El de seguir siendo amable cuando todo grita que no. El de cerrar una puerta sin patearla.

TRUST. Confiar. En la vida, en los ciclos, en la intuición que te dice “ya fue”, aunque duela como tatuaje mal hecho que no se puede borrar… Confiar en que cada caída tiene sentido, aunque uno tarde años, varios terapeutas y más de un retiro en la selva para entenderlo.

SURRENDER. Ah, mi favorita. Rendirse. Pero no como sinónimo de derrota, sino como un acto radical de aceptación. Como decir: “Ok, universo, haz lo tuyo. Yo dejo de pelearme contigo (al menos por ahora)”. No es pasividad. Es sabiduría. Es soltar el control y, aun así, seguir bailando.

Y sí, sé lo que estás pensando: esto se parece un poco al Comer, rezar, amar de Julia Roberts, pero sin los paisajes italianos y sin Javier Bardem. Yo no lo pude dividir en capítulos, yo hice todo eso al mismo tiempo, desde mi cama, con la cara hinchada de llorar y el rímel corrido como bandera de guerra.

Amar, confiar, rendirse. Suena bonito. Suena zen. Pero duele. Porque implica soltar lo que ya no va, dejar morir lo que una vez fue hermoso, y asumir que la versión anterior de ti misma ya no aplica. Yo miro atrás y esa Kathy —la de hace unos años— me parece una conocida lejana. No una desconocida, no. Una que alguna vez fui, y de la que me despedí con amor, sin rencores. Como se despide uno de un lugar donde fue feliz pero ya no cabe.

Aún sigo, cada día, intentando amarme. A esa versión de mí misma que se sigue construyendo. A la que miro en el espejo con lo que me gusta... y con lo que no tanto. Confiando en el ritmo que la vida me toque para bailarlo, dándolo todo, incluso con pasos prohibidos, aunque haya días en los que ninguna canción me despierte las caderas. Y rindiéndome. Soltando el control que por momentos me obsesiona. Entendiendo que nada es bueno ni malo: las cosas simplemente son.

Porque al final, de eso se trata vivir. De saberse en constante evolución. De permitirse ser otra, sin pedir permiso. De abrazar el mantra, aunque a veces suene a eslogan de almohada hippie.

LOVE. TRUST. SURRENDER.

Y si todo falla… bueno, siempre quedarán más terapeutas ofreciendo sus servicios, más retiros a los que asistir, más tabacos que fumar y más temazcales donde inclinarse con humildad.

Buscar